"...Solo pensar en subirme a un avión me da pánico. Pensar que voy a estar atrapado, sin poder salir ya hace que me sienta fatal”....“Cuando el avión empieza a hacer ruidos y vamos a despegar pienso de todo y la cabeza me va a mil por hora, no lo puedo controlar. Además empiezo a sudar, y noto que el corazón me va demasiado rápido. Si me hablan no puedo ni escuchar, es horrible”....“Hace años que no me subo a un avión. He tenido que rechazar ofertas de trabajo por esto, es algo que me supera...." .
El miedo a volar en avión afecta a un 25 % de la población: a un 15% le supone un malestar y ansiedad considerables, y un 10% evita viajar en avión.
Normalmente, este miedo, no solo se experimenta durante el vuelo. La anticipación de un posible viaje provoca la aparición de intranquilidad, malestar físico y psicológico, días o semanas antes del acontecimiento. Las preocupaciones sobre lo mal que se pasará, lo mal que irá el vuelo, o los problemas ocasionados por evitarlo, se hacen cada vez más intensas:
"...No podré, lo pasaré muy mal”... “haré el ridículo”... “no soportaré estar encerrado en el avión”... “tendré que llevarme medicación, sino no podré”...“si no voy con alguien de confianza que me hable y me distraiga será imposible coger el avión” .... “¿Cómo le digo al jefe que no quiero ir a esa reunión?”... “tendré que rechazar la oferta, no me veo capaz”... “me gustaría poder hacer un viaje fuera, pero mejor algo por aquí cerca, más tranquilo/a”...“si llegara a entrar al avión me daría un ataque, perdería el control y me pondría a gritar , haría el ridículo..."
El miedo a volar, más allá del padecimiento que conlleva, repercute negativamente en el desarrollo laboral (rechazar ofertas o poder mejorar el puesto laboral) y personal (no poder ir a sitios que nos gustaría conocer, condicionar las actividades familiares de ocio). Verse obligado a tomar decisiones en función del miedo a volar genera en la persona que lo padece un fuerte sentimiento de frustración e insatisfacción.